La industria de la moda está entrando en un nuevo escenario normativo. En los últimos años, tanto España como la Unión Europea han comenzado a prestar más atención a la forma en la que se producen, utilizan y desechan los productos.
La prevención de residuos, la reutilización, el reciclaje y la responsabilidad de las empresas están teniendo cada vez más importancia dentro del sector. Y el cambio no afecta únicamente a lo que ocurre cuando una prenda se convierte en residuo. También empieza mucho antes: en los materiales utilizados, en la forma de producir y, sobre todo, en el propio diseño.
En España, uno de los puntos de partida para entender esta transformación es la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular.
Ley 7/2022: el punto de partida en España
La Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, establece el marco general en España para prevenir y gestionar los residuos. Su idea principal es bastante sencilla: antes de pensar qué hacer con un residuo, debemos preguntarnos cómo podemos evitar que llegue a generarse.
La Ley 7/2022 establece una jerarquía para la gestión de los residuos. En primer lugar, está la prevención, siguiendo con la preparación para la reutilización, el reciclaje y otras formas de valorización, dejando la eliminación como última opción.
En el caso de la moda, esta perspectiva resulta especialmente relevante. Los materiales utilizados para fabricar las prendas, los productos que no llegan a venderse y aquello que sucede cuando una prenda deja de utilizarse forman parte de un mismo proceso que ahora comienza a analizarse desde una perspectiva más circular.
¿Qué ocurre con lo que no se vende?
Uno de los aspectos que afecta directamente al sector textil aparece en el artículo 18.2 de la Ley 7/2022, que limita la destrucción o eliminación en vertederos de productos no vendidos que no sean perecederos. Entre ellos se encuentran expresamente los productos textiles.
Cuando se generan estos excedentes, la prioridad debe ser buscar alternativas que permitan mantenerlos en circulación, como la reutilización, el reciclaje o incluso la donación cuando sea posible.
La cuestión, por tanto, deja de ser únicamente qué hacer con una prenda que no ha conseguido venderse. También importa conservar durante el mayor tiempo posible el valor del producto y de los materiales que han sido necesarios para fabricarlo.
¿Qué hacemos con los residuos textiles?
La ley introduce cambios relacionados con la recogida de residuos. Las entidades locales debían implantar la recogida separada de los residuos textiles antes del 31 de diciembre de 2024.
El objetivo es avanzar hacia un sistema en el que estos residuos puedan recogerse y tratarse de forma diferenciada. Esto facilita posteriormente su clasificación y permite destinarlos a procesos como la reutilización o el reciclaje. Además, la ley refuerza una idea que cada vez empezará a tener más importancia en el sector, que consiste en que la responsabilidad sobre un producto no termina cuando se pone a la venta, sino que también debemos tener en cuenta qué ocurre con él cuando deja de utilizarse y se convierte en residuo.
Por eso, las empresas deberían tener que empezar a prestar cada vez más atención a aspectos como la durabilidad de las prendas, sus posibilidades de reparación, reutilización y reciclaje, y la forma en la que se gestionan al final de su vida útil.
La Ley 7/2022 supone así un primer paso hacia un modelo en el que prevenir, reutilizar y aprovechar los materiales tiene prioridad frente a eliminarlos directamente. En el caso de la moda, esta transformación continúa en el ámbito europeo y llega incluso a una fase anterior: el diseño del producto.
De la gestión del residuo a la prevención
La Ley 7/2022 supone así uno de los primeros pasos hacia un modelo en el que prevenir, reutilizar y aprovechar los materiales tiene prioridad frente a eliminarlos directamente.
Pero la legislación europea va incluso un paso más allá: si queremos evitar residuos, quizá tengamos que empezar a actuar antes de que estos existan.
Y ahí es donde entra una nueva cuestión: ¿puede la legislación cambiar la manera en la que se diseña una prenda?


